París: una ciudad de amor, luces y muchas maneras encantadoras de vencer la melancolía invernal. Desde lo comestible hasta lo audible, la vida aquí es definitivamente bella

Una luz diferente

Una luz diferente

No hay ningún otro momento en el que París merezca más su título de Ciudad Luz que en los oscuros meses invernales, cuando las calles destellan con iluminaciones ornamentales. Los Campos Elíseos están flanqueados por árboles escarchados con lucecitas de colores y parecen más grandiosos que nunca, con la famosa rueda de la fortuna de la avenida que dibuja círculos en el cielo. Aquí también encontrarás el famoso mercado festivo, con sus puestos iluminados por las estrellas que venden de todo, desde juguetes extraños y regalos tejidos hasta bûches de Noël (troncos de Navidad) y ostiones. Para disfrutar el majestuoso espectáculo de luces de la ciudad, toma un recorrido en un autobús con techo abierto por la noche, y tendrás una vista panorámica de los grandes atractivos y luces brillantes.

Póngase los patines

Pngase los patines

París presume de tener una de las pistas de patinaje más escénicas de Europa, ya que está puesta bajo las bóvedas de hierro y cristal del Grand Palais. Es una de las pistas de patinaje más grandes del mundo y, cada noche, llegan los DJ entre las 9 p. m. y las 2 a. m., lo que lo convierte al lugar en una genial discoteca sobre hielo. Si prefieres deslizarte sobre el hielo bajo las estrellas, prueba la pista en la Place de l’Hôtel-de-Ville frente al ayuntamiento del siglo XIX. Y no te dejes intimidar por los profesionales; el área está dividida para niños y aquellos que se sienten inseguros en patines. La pista es gratuita, aunque debes pagar por el alquiler de patines, y est á abierta desde diciembre hasta marzo.

El gato que se comió la Crème Brûlée

El gato que se comi la Crme Brle

Le Bristol, que es uno de los hoteles ‘palacio’ más renombrados de Francia, es un lugar sublime en cualquier época del año. Pero en invierno las elegantes bancas de terciopelo y las paredes cubiertas de madera son particularmente atractivas. Inicia tu noche bajo las luces de candelabros, con un coctel de la estación en el íntimo Bar du Bristol, y luego pasa al restaurante Epicure de Eric Fréchon de tres estrellas Michelin, para disfrutar los platillos emblemáticos, como macarrones rellenos con trufas negras y foie gras de alcachofa. Toma un digestivo en el área de descanso en compañía de los gatos burmeses residentes, Fa-Roan y Kléopatre.

Una dulce delicia

Una dulce delicia

Los franceses son expertos en chocolate caliente. Puedes tener una experiencia de chocolate caliente verdaderamente exquisita entre los corredores de laberintos y los espejos rococó del café Ladurée Royale, en la Rue Royale. La marca histórica es conocida más por sus macarrones que se deshacen en la boca, pero el chocolate caliente, espeso y amargo, que se sirve en elegantes tarros, es igualmente atractivo. Puesto que es la temporada de hibernación, consiéntete y acompáñate de un fino pastelillo, tal como la Tarte Tatin.

Grande Dame

Grande Dame

No tienes que ser religioso para apreciar la grandeza gótica de Notre-Dame, mientras sigues el destello de la luz de las velas y entras a las capillas apenas iluminadas, o disfrutas de la maravillosa vista de la ciudad desde arriba de la torre (te advertimos que es una subida de 422 escalones). Cada año, se presenta una gran escena navideña en la catedral, y se llevan a cabo misas regulares durante el Adviento, con coros que aprovechan la excelente acústica del lugar. Necesitarás llegar temprano para asegurar un lugar, pero hay muchas con las que puedes maravillarte mientras esperas.

Naturalmente, necesitarás un hermoso hospedaje también. Revisa nuestra selección de los mejores hoteles de la capital de Francia.

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