La arteria fluvial de París ha pasado por una renovación, gracias a un genial paseo sobre el margen izquierdo (“Rive gauche”) y muchos restaurantes, bares y actividades a la orilla del río o en el río mismo

A pesar de toda su increíble herencia histórica, una de las cosas más fascinantes de París es mirar cómo los diferentes distritos evolucionan o, incluso, surgen de la nada, como lo he observado yo misma en los veinte años que llevo viviendo en París, escribiendo sobre la ciudad y su ambiente cultural; primero, como editora de Time Out Paris y, más recientemente, como experta en viajes para el Daily Telegraph.

Así que me da gusto ver que, en los últimos años, finalmente, el río Sena ha empezado a mostrar su mejor cara. Alrededor de la Biblioteca Nacional está surgiendo un nuevo y moderno distrito, que incluye una alberca flotante, la Piscine Joséphine Baker, y bares de música en vivo sobre el agua como el Batofar, el original club nocturno parisino montado sobre un bote. Los eventos temporales, como la playa artificial que dura todo el verano Paris Plages ayudan también.

Un nuevo paseo por el margen izquierdo

Pero, el punto de inflexión tuvo lugar cuando la ciudad, finalmente, se deshizo de la autopista a la orilla del margen izquierdo del río, uno de los proyectos de mejoras urbanas más desafortunados de la década de los años setenta, y transformó el pavimento en Les Berges de Seine, un paseo a la orilla del río que lo lleva, aproximadamente, desde el Musée d’Orsay hasta Pont de l’Alma, y está salpicado de actividades y diversiones que se han multiplicado desde entonces. Les Berges ha traído un espíritu completamente nuevo a esta parte grandiosa y bastante sobria del margen izquierdo.

Hay vigas de madera recicladas convertidas en bancas para sentarse y ver pasar la vida, lugares para hacer ejercicio y pistas para correr, clases de Tai Chi y boxeo, puestos de comida y cafés, además de juegos para niños y talleres de artesanías. Si te sientes lleno de energía, puedes caminar a lo largo del muelle, o también puedes quedarte deliciosamente inactivo, mirando el agua, jugando ajedrez o dormitando; entre los contenedores de acero “de estilo marino” que hay a lo largo del paseo. Me gusta, especialmente, el jardín acuático flotante, plantado para recrear diferentes hábitats de la ribera del río.

Nuevos restaurantes y bares

Mientras exploraba el área, también eché un vistazo al restaurante Faust, que, de manera similar al club y sala de conciertos Showcase al otro lado del río, está, de hecho, dentro del Pont Alexandre III, el puente más adornado de París. Faust ocupa un gran espacio con una cúpula con vistas al agua entre los arcos, a la manera de las rosticerías clásicas de París. Afuera, la otra novedad de la temporada es la barca Rosa Bonheur sur Seine, hermana de la innovadora Rosa Bonheur en el Parc des Buttes Chaumont. Una discreta guinguette que combina un bar, un café, un restaurante, un salón de baile y una sala de conciertos es, definitivamente, un lugar adonde no puedes dejar de ir. La balsa, especialmente diseñada, con sus rotondas en los extremos y una estructura metálica de color verde pálido (quizá un eco del Grand Palais al otro lado del río), te brinda vistas fabulosas de los puentes Pont Alexandre III y Pont de la Concorde.

¿Y el mejor bar de azotea en París con vista del Sena?

Le Perchoir Marais, el bar de verano instalado en la terraza de BHV, abre cuando cierra la tienda departamental por la noche. Un retoño del bar-restaurante Le Perchoir que abrió sobre un edificio de departamentos cerca de République es actualmente el lugar más de moda de la ciudad (al menos cuando el clima es bueno), lo que significa que cada noche se forman en la calle largas filas para entrar. Pero, una vez que uno consigue llegar a la terraza, después de atravesar un pasillo de oficinas de la tienda departamental, es muy divertido: a la última moda pero a la vez relajado, con una vista aérea del centro de París y justo enfrente el Hôtel de Ville (sede de la municipalidad). Tiene mesas de madera, árboles, bancos hechos con cajas de embalaje y almohadones coloridos, y un bar que atienden camareros de actitud despreocupada que sirven cerveza, cócteles y copas de “rosé”. El especial de la casa es el Dark’n Stormy, con ron, cerveza de jengibre, bitter Boston y jugo de limón. Está abierto hasta fines de octubre, y la entrada está en el n.º 37 de la rue de la Verriere.

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