Richard Torregrossa es un novelista y periodista residente de San Diego que tiene una debilidad por autos rápidos y carreteras

Los fanáticos de los autos seguro sabrán que la sigla NASCAR proviene de National Association of Stock Car Racing (Asociación Nacional de Carreras de Automóviles de Serie). Esta legendaria asociación tiene a su cargo la organización de multitud de eventos automovilísticos en todo el mundo: en los Estados Unidos, solo la Liga Nacional de Fútbol Americano la supera en popularidad.

La NASCAR no es solamente para pilotos profesionales de autos de serie o iconos del automovilismo de velocidad, como Jimmy Johnson. También se encarga de las carreras amateur de autos de serie que se corren en el autódromo Las Vegas Motor Speedway, entre marzo y noviembre.

Un auto de serie es un auto común y corriente que se modifica para participar en carreras y, muchos de ellos, son un espectáculo por sí mismos: grandes, llamativos, ostentosos y descarados. Una carrera típica de autos de serie incluye 79 vueltas o más de autos de todo tipo y tamaño, apodados según la fecha de fabricación y el estilo. Los “bombers” son los armatostes viejos y vapuleados del mundo de las carreras de automóvil. Normalmente, son autos con veinte años de antigüedad, por ejemplo, un Caddy del 72 o un Crown Victoria del 86. No son bonitos, pero son populares. Los “bandoleros” son de gran colorido y vistosidad, una cruza entre un auto y un go-kart, y los pilotos suelen ser niños de entre 8 y 16 años. Lo bueno de estos autitos es que prácticamente cualquiera puede competir en ellos. Los “legends” están un paso por adelante y son autos de carrera de estilo retro, creados para agregar emoción al deporte y, al mismo tiempo, mantener los costos de producción bajos. Los estilos de la carrocería son réplicas de los autos de los años treinta y cuarenta, y funcionan con un motor de motocicleta.

Sin importar la potencia o la belleza de los autos de carrera, hay un hecho indiscutible: es el piloto, no el vehículo, lo que importa. Así que, si prefiere participar en vez de ser un mero espectador, puede reservar uno de los paquetes automovilísticos que ofrece Richard Petty para, por ejemplo, ponerse detrás del volante y recorrer el emblemático autódromo Las Vegas Speedway o viajar en el asiento del copiloto a 265 km/h.

O si no, por qué no alquilar un “auto exótico” en Vegas Luxury Rides (hay Porsches, Ferraris, Lamborghinis, Mercedes y BMW) y viajar al desierto, donde encontrarás un eterno cielo azul y el placer de una carretera despejada por delante. El aire del desierto es caliente y seco, la luz del sol intensa y dorada y, cuando el camino baja, las polvorientas montañas del Mojave dan la impresión de elevarse todavía más.

A primera vista, puede parecer un desolado paisaje lunar, pero hay mucho que ver si sabes hacia dónde mirar. Entre los extraños monumentos de la zona destacanel termómetro más grande del mundo en Baker, California (a una hora y media en auto desde Las Vegas), construido para conmemorar la temperatura récord de 57 grados Celsius que se registró el 10 de julio de 1913 en el cercano Valle de la Muerte.

El Área 51, una sección de la instalación militar ultrasecreta de la Base de la Fuerza Aérea Edwards, es famosa por sus avistamientos de ovnis. No se permite el acceso a civiles pero, si lo que busca es una experiencia “de otro mundo”, mucho más cerca de Las Vegas, haga una parada para tomar algo en Alien Fresh Jerky, una tienda que tiene un platillo volador y marcianos verdes ornamentales en el frente, o pase la noche en The Little A’Le’Inn, también en Baker, California.

Continúa conduciendo hacia el sur y encontrarás un lugar llamado Zyzzx, nombre que inventó Curtis Howe Springer cuando estableció allí el fraudulento Mineral Springs and Health Spa en 1944. El sitio ahora alberga el Centro de Estudios del Desierto, administrado por la Universidad Estatal de California y dedicado a la investigación del desierto de Mojave.

Avanza una hora más por la ruta 15 (la autopista Mojave/Barstow) y, finalmente, llegarás a la histórica cafetería Peggy Sue’s 1950s Diner, que está ubicada junto a una carretera polvorienta, a la sombra de las montañas Calico, aparentemente, en medio de la nada. Las paredes y el salón están llenos de pertenencias de celebridades de la televisión y de Hollywood, incluso fotografías autografiadas de las estrellas que comieron allí. Las tartas recién horneadas son espectaculares, y la hamburguesa Marlon Brando (con queso y champiñones) y el sándwich Frankie Avalon (de filete en tiras y queso fundido) también son muy buenos.

Organice bien el horario de su visita y regresará a casa bajo un manto de estrellas en medio de la legendaria noche del desierto de Mojave.

Foto de Ocean/Corbis

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