Barnaby Rogerson es uno de los dueños de Eland Books y ha viajado muchísimo por el norte de África y el Sahara. Escribió numerosas guías de la región, así como una biografía del Profeta Mahoma. Aquí, analiza las causas de la compulsión a viajar y escribir.

Un ministro de relaciones exteriores ruso se quejó una vez con su contraparte inglesa acerca del culto al escritor-explorador. Trató de explicarle que, cuando el Imperio Ruso enviaba un espía a explorar tierras lejanas, el informe posterior se guardaba estrictamente bajo llave. Entonces, ¿cómo podía ser que a los agentes secretos británicos se les permitiera publicar sus informes? ¿de quién podría esperarse que preste un servicio de inteligencia encubierto en tales condiciones?

Descubrí por primera vez esta historia hace dos años, cuando estaba investigando sobre la misión del explorador Alexander Burnes cuyo objetivo era llegar al fabuloso Emirato de Bujará. La cobertura de Burnes de esta aventura de 1831 era realmente elaborada. Su excusa para visitar el Emirato era la entrega de un suntuoso regalo de un rey al otro: enormes caballos de Suffolk transportados en barca por el río Indo.

Mi editorial, Eland Books, se nutre del trabajo de estos escritores-exploradores, entre los que se encuentran desde Ogier Ghislain de Busbecq, el embajador de Habsburgo en la corte del siglo XVI de Solimán el Magnífico, hasta Martha Gellhorn, la corresponsal de guerra y novelista.

Para entrar al panteón de los héroes viajeros, sin embargo, es vital dejar el legado de un libro emocionante y morir en algún rincón lejano de una tierra extranjera. Piensen en Mungo Park (1771-1806), quien exploró los reinos de África Occidental a pie y sin compañía, y que fue asesinado en el río Níger durante su segunda expedición; o en el Capitán Cook, quien, después de descubrir y cartografiar las islas y la costa del Pacífico, finalmente fue asesinado en un enfrentamiento imprevisto en una playa de Hawái en 1779. En cierta medida, fueron sus muertes tempranas las que les aseguraron la fama a los exploradores-viajeros más recientes, como Robert Byron, T.E. Lawrence y Bruce Chatwin.

Por supuesto, no es necesaria una muerte gloriosa para ser considerado viajero en vez de turista. Quizás sea el deseo de informar —ya sea a través de un libro, revista, blog de viajes, publicación de Flickr o página de Instagram— lo que define a las personas que buscan que sus viajes sean algo más que un simple lujo. La mejor literatura de viajes nos ayuda a ver lo extremadamente diferentes y, al mismo tiempo, lo esencialmente similares que somos, y tal vez sea esa la razón por la que nos emociona contar y escuchar los relatos de viajes.

Todos los viajeros experimentados siguen los pasos de los grandes escritores-aventureros del mundo. Así que suelte amarras. Aventúrese más allá de la seguridad del puerto. Deje que el viento impulse sus velas. Explore. Sueñe. Descubra.

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