Alexandra Spring fue directora de secciones especiales de Vogue y entrevistadora de celebridades para la revista. Vive en Sídney desde hace 15 años.

Enamorarme de Sídney fue todavía mejor que enamorarme de una persona. Sí, hubo un entusiasmo inicial cuando llegué hace 15 años a una ciudad que era alegre y vibrante y que, a veces, era un poco más que atrevida. Desde entonces me fue ganando poco a poco, conforme descubrí sus botones secretos, las pequeñas idiosincrasias que compensan de sobra cualquier detalle fastidioso. Finalmente, un día, desperté y me di cuenta de que sería un amor para toda la vida.

Sídney no es exactamente Australia; es algo especial, una ciudad de pueblos multiculturales habitada por personas muy diversas. Es una ciudad generosa que recibe con los brazos abiertos a los recién llegados y ofrece oportunidades para quienes quieran progresar. Me ha dado una profesión que amo, amigos y una familia que adoro, así como un estilo de vida que no cambiaría por nada del mundo. Y uno de mis pasatiempos favoritos es hacer alarde de ella. Es cuestión de amor.

La ciudad se pone en modo automático después de Navidad, antes de que el Festival de Sídney comience a principios de enero. Las leyes de expendio de alcohol cambiaron hace unos años, y eso resultó en una profusión inmediata de bares, con barecitos poco convencionales instalados en lugares raros. Los habitantes locales los adoptaron rápidamente, y conocer las últimas inauguraciones se convirtió en un deporte. Hay algunos que se mantienen firmes entre los favoritos, incluido el recargado pero encantador Grandmas; el Hinky Dinks, ambientado en los años cincuenta; el Baxter Inn, con ambiente del mundo del jazz; el Honey Rider, de glamour adulto; y el Stitch, una maravilla urbana; todos ofrecen excelentes cocteles y buena música.

Los organizadores de la exposición del delito City of Shadows, que abrió en el Museo de la Policía en 2005, estaban asombrados de la popularidad que consiguió. No había nada de que asombrarse, en realidad: después de todo, Sídney es una ciudad fundada por convictos y, además, las fotos de prontuario y de la escena del crimen tomadas entre 1912 y 1948 son algo fascinante de ver. Los visitantes se entusiasmaban tanto que enviaban información sobre las personas que aparecían en las fotos y revelaban algunas historias olvidadas.

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