Deje atrás el estrés de la vida cotidiana y atrévase a ir a lugares que pocos podrían ubicar en un mapa y a los que todavía menos personas han ido...

Isla Rubondo, Tanzania

Quedan pocos lugares en el mundo que no hayan sido alterados por la presencia humana, pero en la isla Rubondo de Tanzania, llena de riquezas ecológicas, los animales definitivamente están al mando. Junto con otras nueve islas no habitadas en el lago, Rubondo forma parte del parque nacional menos visitado de Tanzania.

Ubicada en el Lago Victoria, el más grande lago tropical en el mundo y el lago más grande de África, la isla de 237 kilómetros cuadrados se volvió un refugio para chimpancés, elefantes y jirafas reubicados, gracias a un proyecto de conservación de la década de los años 1960. Ellos pueden coexistir felizmente en este hábitat protegido, junto con varias especies de monos, mangostas y antílopes.

Hospédate en el Campamento de la Isla Rubondo, el único alojamiento en la isla. Sus diez alojamientos de lujo tienen vistas espectaculares al lago y los huéspedes pueden caminar hacia la playa de agua dulce; pero no te arriesgues a zambullirte puesto que hay hipopótamos y cocodrilos que habitan esas aguas. Acompañado por un guía, puedes salir en una caminata para ver vida silvestre, buscar elefantes y chimpancés, escuchar sus llamados y seguir senderos, o bien, puedes sentarte y esperar a que una de las 200 especies de aves que se encuentran aquí se pose sobre las palmeras de dátiles o en las marismas. Rubondo tiene de la mejor pesca en Tanzania, y la legendaria perca del Nilo que pesa hasta 100 kilos es el máximo trofeo de pesca. Contrate una lancha del campamento o pruebe su suerte desde la playa o desde las rocas.

Rubondo es un lugar ideal para iniciar o terminar un safari en África Oriental, y mucho más lleno de aventura que los ya conocidos de Zanzíbar y Mombasa.

Cómo llegar: La Isla Rubondo está a aproximadamente una hora en lancha o a un corto vuelo en un avión ligero desde Mwanza, la segunda ciudad más grande de Tanzania.

Islas Lofoten, Noruega

Un escape idílico a una isla no necesita de sol todo el año, especialmente en el caso de las islas Lofoten de Noruega.

Surgiendo del Mar del Norte como dientes irregulares, estas masas montañosas frente a la costa noroeste son ideales para hacer senderismo desde junio hasta agosto, cuando el sol apenas desaparece tras el horizonte.

Pero visítalas durante el invierno para experimentar la verdadera belleza agitada por el viento de este remoto archipiélago. Establece tu base en Svolvær y rente un auto para explorar las siete islas principales conectadas por puentes y túneles. Vaya en auto a una de las tantas playas pedregosas en donde el agua es tan clara como el cristal y hay colonias de aves que se congregan sobre las rocas.

Conforme se acercan las noches polares, los días están enmarcados por cielos de color rosado y aumenta la posibilidad de presenciar las auroras boreales.

Por cientos de años, la pesca de bacalao ha sido la principal industria y cada febrero pueden verse todavía pescados sobre grandes enrejados triangulares secarse al sol.

Cómo llegar: Hay vuelos diarios desde Oslo a los aeropuertos de Lofoten. Pero, si estás buscando una experiencia de viaje más lujosa, puedes tomar el tren de Oslo (22 horas) o un vapor de la costa desde Bergen. Si te entran deseos de culminar y seguir tu visita con una noche en la capital noruega, el elegante Thon Hotel Rosenkrantz, ubicado en el centro, es una base ideal.

Boipeba, Brasil

Playas cubiertas de cocoteros con hamacas tendidas entre las palmeras pueden parecer material para folletos de viajes, pero la isla de Boipeba en Bahia, al noroeste de Brasil, no tiene nada de comercial.

Incluso llegar ahí es una aventura; toma un taxi acuático local de la villa de Torrinhas en el estado de Bahia en el noroeste y cruza por las vías de agua rodeadas de marisma, hasta desembarcar en agua tibia y poco profunda y correr por la playa llena de arena. Alternativamente, puede tomar un tractor para cruzar las dunas de arena desde la vecina isla Morro de São Paulo.

Con la marea baja, los arrecifes que rodean la isla forman piscinas naturales que crean chapoteaderos poco profundos y con frecuencia se ve a las tortugas visitar esta área. Si se siente con mucha energía, nade a uno de los muchos bares flotantes de ostiones de la isla, en donde los mariscos se venden desde un pontón de madera.

En tierra, hay numerosos senderos por recorrer por el bosque del Atlántico, en donde los colibrís vuelan entre las flores de jamaica y los primates riñen en las copas de los árboles.

Hospédate en una de las posadas simples y encantadoras de la isla: la Pousada Santa Clara tiene un gran restaurante en el exterior y la Pousada A Mangueira tiene una piscina y maravillosas vistas desde arriba del acantilado.

Hasta mediados de los años 80, Boipeba no tenía servicio de correos, teléfonos ni electricidad y, aún ahora, los residentes se esfuerzan por evitar el mundo exterior.

Todo cierra a las 9 de la noche, y la única iluminación nocturna que usted encontrará es el cielo estrellado sobre su cabeza.

Cómo llegar: La ciudad más cercana es Salvador, 150 km al norte de Boipeba. Desde ahí usted puede tomar un pequeño avión a la cercana isla de Tinharé y hacer el breve cruce del río en lancha de motor. También puede hacer el trayecto desde Salvador por transbordador o catamarán.

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