Lo que significa realmente salirse del camino trillado, de parte de un aventurero en serie que comparte sus consejos para experiencias únicas y viajes bien pensados

Me encantan esos momentos secretos e íntimos, cuando lo que uno creía que sabía sobre un lugar cambia en un segundo, y uno levanta la vista y se da cuenta de que ha tomado las decisiones correctas y ahora está en un lugar al que las masas de turistas no van.

En Venecia, sentí eso en los puentes vacíos que serpenteaban sobre los canales en el camino hacia el barrio judío, una zona inundada de música. En Sídney, fue cuando descubrí restos arqueológicos a un paso de la famosa Ópera de la ciudad. En Buenos Aires, viví un momento así cuando me encontré a mí misma en medio de lo que, evidentemente, era el barrio de maniquíes para aparadores, rodeada de profesionales elegantemente vestidos que pasaban junto a mí con maniquíes bajo el brazo.

En Europa, es relativamente fácil escapar del gentío. Por muy congestionadas que estén Londres, París o Roma, sus siglos de historia y sus trazados compactos — que se remontan a los días de callejuelas surcadas a caballo — hacen que sea sencillo encontrar lo inusual. Camine hacia la izquierda en vez de hacia la derecha, busque parques y antiguos cementerios, y mantenga sus ojos bien abiertos para detectar las placas azules que señalan esos senderos que llevan al patrimonio que es un poco famoso, pero no tanto.

Por esa misma razón, tardé en entender que en otros continentes hace falta un enfoque distinto. Las ciudades más nuevas, o aquellas que debieron reconstruirse después de la destrucción de la guerra, tienen arterias más grandes y trazados más complejos. Vagar por ahí para alejarse de las multitudes puede hacer que uno se pierda, se meta en problemas o (lo más probable) termine llegando a sitios donde las multitudes no van simplemente porque no hay mucho para ver.

En Miami, Los Ángeles, Johannesburgo y Río, la dispersión del trazado urbano significa que uno pasará menos tiempo caminando y más tiempo explorando sobre ruedas. Los edificios estandarizados de Tokio y Toronto significan que necesitará esforzarse más y alejarse más para descubrir aquellos rasgos únicos y distintivos de la ciudad.

De modo que está atento a los escaparates y a la gente que entra y sale de puertas sin señalizar: lo último de lo último en las áreas urbanas de moda es no poner carteles a la entrada de galerías de arte, tiendas de diseñador, hoteles o clubes nocturnos. Bájese del metro en una estación elegida al azar y busque mapas que señalen sitios de interés cercanos. Olvídese de los cruceros turísticos y súbase a los ferris de transporte urbano, o conduzca a lo largo de ríos o costas para darle un sentido a sus vagabundeos. Simplemente recuerde usar su sentido común en todo momento y haga caso de cualquier advertencia de seguridad local.

Como siempre, no hay nada mejor que conocer a la gente del lugar y, en ese sentido, soy muy afortunada: tengo una red de colegas con mi mismo estilo esparcidos por todo el mundo. Pero ¿qué puede hacer si no pertenece al círculo de los escritores de viajes? Recurra a Twitter y a las redes sociales. Prueba aplicaciones como Spotted by Locals para encontrar arte soviético oculto en Bulgaria, por ejemplo, o Beach Thursday para enterarte de que, efectivamente, hay playas en Hong Kong. Todo un conglomerado de aficionados a los viajes te espera con consejos personalizados en Gogobot.com. Incluso podrías intentar leer algunos blogs (en algún momento escribí sobre la experiencia de dormir arriba de una panadería, en Londres; los bares de pandillas navajeras en Sídney; el Muro de Berlín, en Viena; y el Museo de la Salchicha Alemana en Berlín).

Finalmente, nunca subestimes el poder de tu instinto. La decisión que me llevó a subir por la Espalda del Dragón en Hong Kong, a través de un mullido sendero de tierra roja con vista al mar. Ese paseo matinal en Bogotá que me reveló una montaña de cumbre nevada atenta a mis pasos. Incluso ese momento de soledad en la Montaña de la Mesa, una de las atracciones más populares de África. A todos esos momentos me llevó el instinto y la reticencia a seguir a las masas.

Bueno, eso y un buen abrigo. Después de todo, para la aventura urbana también hay que equiparse.

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