La escritora de viajes dublinesa y trotamundos empedernida Pamela McCourt Francescone se enamoró de un romano al visitar la ciudad cuando tenía veintitantos años y desde entonces vive ahí. Ésta es su guía para pasar las Pascuas en la sede papal.

“Mi” Roma se empezó a gestar hace años, primero como un destino para escapar de un lluvioso verano dublinés, después como un lugar de trabajo, cuando conseguí un fabuloso empleo en el periódico Rome Daily American y, finalmente, como un hogar, cuando conocí al italiano de mis sueños. Esta ciudad te captura con su belleza, su estilo de vida (la famosa “Dolce Vita”) y su historia, que está justo frente a tus ojos en el Coliseo y en la Basílica de San Pedro y que, a la vez, está grabada en cada ladrillo de modo tan sutil que te hace preguntarte cómo es posible vivir sin ella.

Rituales y santos

Semana Santa en Roma es una combinación emocionante de lo sagrado y lo profano, comenzando por el viacrucis del Papa en el Coliseo la noche del Viernes Santo en la noche del viernes antes del Domingo de Pascua el 20 de abril. Una manera sencilla de participar de esta celebración es quedarse en el Relais & Chateaux Palazzo Manfredi, en la Via Labicana 125, que tiene habitaciones con vista al Coliseo. El momento destacado de la celebración es la bendición del Papa en la Plaza de San Pedro la mañana del Domingo de Pascua. Este año, gracias a la popularidad del Papa Francisco y al hecho de que dos ex Papas serán canonizados el próximo domingo, es probable que la cantidad de gente sea descomunal.

Historia en la mesa

Lo profano viene de la mano de la comida, por supuesto, que aparece en escena para coronar la celebración. Para escapar de las hordas urbanas, vaya a la Via Appia, una carretera romana de 2,000 años de antigüedad. Pasee a lo largo de los arcaicos caminos de cuadrigas y admire la inmensa tumba de Caecilia Metella, cuyo esposo, Marcus Crassus, fue el romano más rico de todos los tiempos. En la histórica L’Archeologia, ubicada en el n.° 139, disfrute de especialidades de Pascua como el “Abbacchio Brodettato”, cordero guisado con salsa de huevo y limón, y los “Bignè di Pasqua”, profiteroles rellenos con ricota, crema pastelera y crema batida.

Compras “chic” y placeres sibaritas

Las callecitas alrededor de la Plaza de España están llenas de tiendas interesantes, como Ricami Veronica, en la Via Frattina 106, en donde sábanas, biberones y delantales se personalizan con nombres y mensajes. Giuseppe Rossi, de Jaja Camiceria, ubicada en la Via Belsiana 7a, confecciona camisas a medida y cosidas a mano, usando como materia prima algodones y sedas de la mejor calidad. Las pruebas se hacen dentro de las 24 horas, y las camisas se pueden enviar por correo a todo el mundo. Tartufi and Friends, en la Via Borgognona 4a, es un bar de trufas muy elegante. Las apreciadas trufas italianas negras y blancas se sirven fileteadas sobre las pastas, platos principales y postres ofrecidos en el comedor de ambiente íntimo, y aparecen en los sándwiches, condimentos y salsas gourmet que se preparan para llevar. En la Via del Babuino, detente en el 150a para tomar un café en el Museo Canova Taddolini, y prepárate para el asombro, o toma un trago en el jardín secreto del Hotel de Russie, de Rocco Forte, un segundo hogar para gente como George Clooney y Brad Pitt.

Arte y alcachofas

En Roma, el panorama callejero es tan tentador como las obras de los antiguos maestros italianos. Admira los tres deslumbrantes Caravaggios de la iglesia de San Luigi dei Francesi, y luego cruza la calle y visite el mercado abierto más colorido de la ciudad, el Campo de’ Fiori, donde encontrarás la mejor selección de frutas y vegetales de la ciudad. Cruza el Tíber hasta el gueto judío para probar las famosas alcachofas romanas, que están en su mejor momento, y se ofrecen rebozadas y fritas en Piperno, ubicado en Via Monte Dè Cenci 9.

Aire fresco y un almuerzo rústico

El Lunes de Pascua las familias preparan sus canastas de día de campo (que en realidad contienen elaborados almuerzos de cinco tiempos) y disfrutan de un día de campo. Conduce hasta las colinas romanas y echa un vistazo al “palazzo” de Castel Gandolfo, donde el Papa descansa en verano. Cerca de Arriccia, detente en un puesto callejero y compra algunas rebanadas de “porchetta” (lechón asado a fuego lento) y unas rodajas gruesas de crujiente pan “casareccio”. Siéntese en una “fraschetteria” (que no es otra cosa que un restaurante informal con manteles de papel), compre una jarra de Frascati, el vino blanco local, saque su aromática “porchetta” del envoltorio de papel de estraza y disfrute de una comida digna de un rey.

Foto © Age Fotostock/Alamy

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